Dicen que fui rey de Éfira, pero hace tanto tiempo que no consigo recordarlo.
Lo único que creo recordar de los tiempos anteriores a mi maldición actual es que soy descendiente directo de Caín, la “marca” en mi frente no permite que lo olvide.
Todo el mundo conoce parte de la maldición a que los dioses me habían condenado, a aquello de empujar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra vuelve a caer por su propio peso.. pero esto sólo es una pequeña parte de la maldición.